El silencio continuó extendiéndose, y Kaelvar ni siquiera dudó en si debía responderle. Sin embargo, no fue necesario, con la mirada le dijo todo lo que necesitaba; sus ojos la observaban como si estuviera aburrido, como si considerara que no merecía obtener una contestación porque no era digna de ella, ni de su atención. —Me uso… —continuó Kaira, sintiendo que le faltaba el aire, pero no se detuvo—, como si fuera un objeto que se puede descartar.El Alfa la miró con una calma perturbadora, como si no comprendiera por qué aquello debía importarle o por qué a ella le molestaba ese hecho.—Todos en el reino tienen una utilidad—respondió, al fin, terminando de aplastar las pocas esperanzas que aún le quedaba a la guerrera—. Sin embargo, a ti te favorecí más de lo que debía, y por mucho más tiempo. Debes estar complacida por ello.—Creí... que, al menos, tendría su afecto, después de sacrificar tanto —intentó tomarlo de las manos, ya con la visión nublada por las lágrimas. Pero el alfa n
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