Hubo una época en la que el silencio del mundo pertenecía al miedo.Callaban las ciudades porque temían hablar.Callaban los pueblos porque temían elegir.Callaban los hombres porque sabían que alguien más decidiría por ellos.Ese silencio era pesado, tenso, vigilado.Pero el silencio que ahora recorría la ciudad era diferente.Era el silencio de la reflexión.De la pausa.De la gente que piensa antes de actuar.Y eso, para quienes habían visto el mundo arder, era casi un milagro.Risa lo percibía cada mañana.Aquella vez estaba sentada en un pequeño café del distrito del río.No había escoltas.No había ceremonias.Solo el murmullo cotidiano de la gente.Un grupo de comerciantes discutía sobre nuevas rutas.Dos mujeres hablaban sobre abrir otra escuela en el distrito sur.Un anciano debatía con un joven sobre agricultura.Nada extraordinario.Y, precisamente por eso, todo era extraordinario.Risa observaba la escena con una tranquilidad que hacía años no conocía.El dueño del café se
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