La ciudad despertó con lluvia.
No era tormenta.
No era presagio.
Solo lluvia.
Risa observaba las gotas deslizarse por el cristal del ventanal del antiguo salón del consejo. Antes, ese mismo lugar estaba lleno de mapas, urgencias, decisiones que afectaban a miles de personas.
Ahora la mesa estaba casi vacía.
Solo algunas carpetas.
Un par de informes.
Nada que exigiera respuestas inmediatas.
Rhaziel entró con dos tazas de café.
—Sigo pensando que es extraño —dijo mientras le pasaba una— que tenga