—Abuela —dijo Leonel en voz baja—. Perdón por tardar tanto en venir a verla.La mano de la Old Señora Martinez, que sostenía un libro de astrología, se detuvo de golpe; la sonrisa en sus labios era tenue, casi imperceptible.Estaba sorprendida.No esperaba que Leonel la encontrara tan pronto.O, mejor dicho, sabía que él siempre había sabido dónde estaba, pero fingía ignorarlo.¿Y ahora… había decidido no contenerse más?—Usted es la que más se preocupa por el Familiar Martinez, la que más desea verlo regresar a la cima —continuó Leonel, con una voz suave pero cargada de autoridad—. ¿No ha pensado, abuela, en considerar una cooperación conmigo?La Old Señora Martinez, acostumbrada a imponer respeto, sintió un leve estremecimiento en lo más profundo de su ser. Jamás creyó que alguien pudiera conmoverla de esa forma.—Usted es la que mejor conoce la astrología. Estoy seguro de que ha visto mi destino. Todo está escrito, ¿no es así? Si teme tanto al designio del cielo, ¿todavía piensa de
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