Ante la repentina transformación de Liliana, Silvina y Camille no pudieron evitar sentirse asombradas.¡Esa actuación! Si no se dedicaba al teatro, era un desperdicio.El rostro de Liliana, ya de por sí delicado y conmovedor, ahora cubierto de lágrimas, parecía aún más lastimoso, como una flor bajo la lluvia, despertando una falsa compasión en los presentes.Silvina, al ver cómo aumentaba la multitud de curiosos, quiso darse la vuelta para marcharse, pero Liliana se aferró de improviso a su falda, impidiéndole avanzar.—¡Silvina, te lo ruego! Devuélveme a Leonel. Tú ya llevas a su hijo en tu vientre, tu vida está completa. ¡Por favor, entrégame al Leonel que me pertenece! No importa qué condición pongas, yo aceptaré lo que sea —lloriqueó Liliana, eludiendo lo esencial.Los espectadores, ignorando la verdad, malinterpretaron la escena: creyeron que Silvina era la amante embarazada, y que Liliana era la esposa legítima, ahora obligada a humillarse suplicando clemencia.Silvina, al ver l
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