Mariana CarbajalEl beso se profundiza con naturalidad, sin prisa, como si ambos estuviéramos aprendiendo de nuevo a tocarnos. Sus manos me rodean con una delicadeza que desarma, y yo me permito apoyarme en él, confiando entre sus brazos.No hay urgencia, solo la certeza de que este acercamiento es una elección compartida, un abandono mutuo donde el mundo exterior deja de importar.El beso se prolonga y, con él, cae la última barrera que aún intentaba sostener. Me dejo llevar por la calidez de su cercanía, por la forma en que su presencia me envuelve y me ancla al mismo tiempo.Sus manos trazan caminos tranquilos, seguros, como si quisiera memorizarme, y yo respondo acercándome más, aceptando esa entrega que nace sin palabras. No hay dudas, ni miedo en este instante; solo la sensación de estar exactamente donde debo estar.Afuera, el mundo sigue siendo incierto, pero entre nosotros se instala una calma profunda, una certeza silenciosa que promete resistencia, compañía… y un nosotros d
Leer más