Mariana CarbajalLa chica frente a mí, por un instante, parece mucho mayor de lo que es. Como si en sus hombros cargara un peso que no le corresponde. Sé que intenta protegernos, que está dispuesta a enfrentarse a lo que sea por nosotros… pero no debería ser su responsabilidad.—Déjalo así —murmuro, sosteniéndole la mirada, firme, aunque por dentro todo me tiemble—. Seguiré con mi boda. Si con eso mantengo a salvo a quienes amo… lo acepto.—Mariana… —la voz de Catalina se quiebra, cargada de incredulidad y algo más, algo que duele.—Catalina, por favor —la interrumpo, más suave esta vez, casi suplicante—. No hagas esto más difícil de lo que ya es.El silencio cae entre nosotras, denso, incómodo. Puedo ver en sus ojos la lucha, la necesidad de decir algo más, de detenerme… pero también el miedo de confirmar lo que ambas sabemos.Trago saliva, sintiendo cómo el peso de mi decisión se asienta en mi pecho.—No es solo una boda —añado en voz baja—. Es un trato… una protección.Mis dedos se
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