Denn Stuart
Jack detiene el automóvil frente al hangar y el motor se apaga con un último rugido. El silencio que sigue es casi ensordecedor.
Durante todo el trayecto condujo como si el tiempo estuviera a punto de extinguirse, apretando cada segundo hasta el límite de velocidad como si se tratara de un piloto de NASCAR. Y, aun así, no dejé de mirar por el retrovisor, atento a cualquier señal de que nos seguían.
Nada.
Por ahora.
Pero no es eso lo que realmente me inquieta.
Es ella.
Mariana perman