670. Podemos parar si querés.
No hay ninguna interrupción que corte el momento desde afuera, y eso vuelve todo más directo, más expuesto, como si el entorno hubiera decidido apartarse para dejar que lo que está pasando exista sin filtros ni interferencias.El bosque permanece inmóvil, sin tensarse ni reaccionar, y esa quietud no relaja, al contrario, obliga a asumir que nada va a intervenir para frenar lo que está ocurriendo, lo que convierte cada gesto en una decisión que no puede atribuirse a nada más.El contacto entre nosotros se mantiene firme, sin prisa, sin perder intensidad, sosteniéndose en un punto donde cada segundo parece elegido y no simplemente permitido.Siento cómo mi cuerpo responde con claridad, registrando cada variación en su respiración, cada ajuste en su postura, cada mínimo cambio que antes habría pasado desapercibido, y ahora no, ahora todo se vuelve demasiado evidente.Mis manos se deslizan por su cuello con una lentitud consciente, sintiendo la tensión contenida en sus músculos, la forma
Leer más