670. Podemos parar si querés.
No hay ninguna interrupción que corte el momento desde afuera, y eso vuelve todo más directo, más expuesto, como si el entorno hubiera decidido apartarse para dejar que lo que está pasando exista sin filtros ni interferencias.
El bosque permanece inmóvil, sin tensarse ni reaccionar, y esa quietud no relaja, al contrario, obliga a asumir que nada va a intervenir para frenar lo que está ocurriendo, lo que convierte cada gesto en una decisión que no puede atribuirse a nada más.
El contacto entre n