665. El que llegó tarde.
No responde de inmediato a la tensión que se instala entre nosotros, y esa falta de reacción, lejos de aliviarla, la vuelve más marcada, porque rompe el patrón al que ya nos habíamos acostumbrado; no se defiende, no avanza, no intenta tomar control del espacio ni forzar un intercambio, sino que simplemente se queda donde está, sosteniendo una espera que no parece pasiva, sino deliberada.Y eso me descoloca más de lo que debería.Todo lo que enfrentamos hasta ahora operaba desde la presión, desde el empuje constante hacia una respuesta, desde la necesidad de provocar algo que pudiera ser medido o utilizado; este hombre, en cambio, no hace nada de eso, no invade, no distorsiona, no intenta interferir ni en mi cabeza ni en mi cuerpo, y sin embargo, esa neutralidad no lo vuelve menos peligroso, sino más difícil de leer, más complejo de anticipar.Kael no baja la guardia en ningún momento, y lo noto en los pequeños ajustes de su postura, en la forma en que mantiene la respiración controlad
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