661. Lo que el sistema no puede predecir.
El mapa no desaparece, pero deja de ocupar el centro de todo, y ese desplazamiento, casi imperceptible al principio, es lo que termina alterándolo todo de una forma que no se puede revertir con facilidad.Ya no estamos reaccionando a él ni ajustando cada uno de nuestros movimientos en función de lo que proyecta; su presencia sigue ahí, latente, observándonos con esa insistencia muda que no interviene pero tampoco se retira, como si hubiera sido reducido a un testigo incapaz de influir directamente en lo que ocurre frente a él, y esa impotencia lo vuelve, al menos por ahora, completamente irrelevante.Mi mano continúa apoyada sobre Kael, no porque exista una necesidad real de mantener el contacto ni porque haya una presión externa que me obligue a sostenerlo, sino porque todavía no tomo la decisión de retirarla, y esa diferencia, sutil pero determinante, introduce un peso nuevo en algo que antes era puramente reactivo.Antes, cada contacto estaba cargado de impulso, de urgencia, de una
Leer más