578. La puerta se abre sin aviso.
El deseo no me golpea de repente; se instala en mí como una presión constante, una corriente silenciosa que vibra bajo la piel y me obliga a respirar más lento para no delatarme, para fingir que sigo siendo la misma de siempre, cuando en realidad siento cómo algo se desplaza por dentro y desarma cada certeza que creía firme.Kael está frente a mí, apoyado contra la mesa de mapas, con esa calma estudiada que lo hace parecer inquebrantable, y aun así percibo la tensión en la forma en que sus dedos se apoyan sobre la madera, en la manera en que su mirada me recorre sin tocarme, descendiendo por mi cuello con una lentitud que me obliga a sostenerle los ojos si no quiero que note cómo me afecta.—Estás distante —dice, con voz baja, casi íntima.Trago saliva antes de responder.—Estoy pensando.Es mentira. No estoy pensando; estoy sintiendo demasiado.Pienso en Aiden, en la promesa que le hice cuando todo parecía más simple, cuando la amenaza tenía rostro y nombre, cuando mi corazón no latí
Leer más