574. Ecos bajo la piel.
El día transcurre con una calma que no engaña a nadie.
Demasiado silencio.
Después del ataque, la manada se mueve con disciplina férrea, pero bajo esa eficiencia hay nervios tensos, miradas que se cruzan buscando señales invisibles. Los cazadores probaron nuestras defensas. Ahora saben cómo respondemos.
Y nosotros sabemos que volverán.
Me mantengo activa para no pensar en eso. Recorro el perímetro, superviso la reparación del ala dañada, ayudo a estabilizar a los heridos. El uso de mi energía l