576. Lo que nunca debería latir.
No es culpa.
No es exactamente deseo.
Es algo más peligroso: curiosidad emocional.
Desde que Maelis rozó mi muñeca, mi mente no encuentra silencio. No fue un gesto provocador, ni una seducción evidente. Fue reconocimiento. Como si hubiera encontrado una frecuencia que llevaba años vibrando sola dentro de mí.
Y eso me asusta más que cualquier cazador escondido entre los árboles.
Porque con Aiden siento raíz. Fuerza. Historia compartida.
Con Alaric siento desafío. Futuro incierto. Expansión.
Pero