573. El Olor del hierro.
El olor persiste incluso cuando cruzamos el umbral de la Casa Alta.
Hierro.
Humo.
Aceite.
No pertenece al bosque. No pertenece a nosotros.
Aiden también lo percibe. Lo noto en cómo su espalda se tensa, en la forma en que su mano se mantiene firme en mi cintura, ya no como gesto íntimo sino como ancla y advertencia.
—No fue imaginación tuya —murmura.
—No.
Subimos las escaleras sin hablar más. La manada duerme con una inquietud latente, como si el instinto colectivo supiera que algo se acerca. Lo