578. La puerta se abre sin aviso.
El deseo no me golpea de repente; se instala en mí como una presión constante, una corriente silenciosa que vibra bajo la piel y me obliga a respirar más lento para no delatarme, para fingir que sigo siendo la misma de siempre, cuando en realidad siento cómo algo se desplaza por dentro y desarma cada certeza que creía firme.
Kael está frente a mí, apoyado contra la mesa de mapas, con esa calma estudiada que lo hace parecer inquebrantable, y aun así percibo la tensión en la forma en que sus dedo