Gabriel estaba solo. Después de la intensa sesión de terapia y la catarsis emocional de la terapia, había caído en un sueño profundo y agitado. Su mente, agitada por el dolor de la pérdida de memoria y el furioso instinto protector que Sarah había desatado, luchaba por encontrar una vía de escape.En la oscuridad de su inconsciente, el silencio se rompió. No con un sonido, sino con una sensación que nadie esperaba.Estaban en el Hotel Duarte, en la sala de conferencias, en donde Gabriel, lo había convertido en un improvisado centro de operaciones después de que él, en un arrebato de frustración, hubiese decidido manejar uno de los proyectos para adquirir un hotel, él solo, sin escuchar las advertencias de sus socios. Sarah, en ese entonces, al tener poco tiempo de ascendida, fue parte del proyecto, pero al verlo trabajar solo, había entrado furiosa para enfrentarlo.—¡Esto un error, Gabriel! ¡Lo sabes! —gritó Sarah, arrojando con fuerza un informe encuadernado sobre la mesa de confere
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