Esa noche se sintió más aterrada que las anteriores.
El alfa Noah estaba lejos de ahí. A horas de distancia. Y el sentimiento de soledad la embargó como una marea fría que le subía por las piernas hasta ahogarla.
Noahlím dormía en su cuna improvisada junto a la cama. Respiraba con esa tranquilidad que solo los bebés poseen. Ajena al terror que consumía a su madre.
Leah estaba cansada. Mentalmente perdida. Los párpados le pesaban como piedras. Pero no quería cerrar los ojos. No quería ver la ca