Mientras un oficial esposaba a Rafael, otro se acercó a Abigail. Zoe miraba todo desde su posición, el dolor en su cuerpo simplemente no existía, la adrenalina del momento la tenía más pendiente de ellos que de su propia herida. Ella estaba convencida que con tal de separarlos, de arruinarlos… de arruinarla, sería capaz de cualquier cosa, sin importar si se tendría que herir una y otra vez. El policía se acercó a Abigail al ver como estaba afectada.—Señorita, ¿es usted la madre del menor?—Sí... —respondió ella, con la voz temblando—. Soy Abigail Taylor. Por favor, mi hijo está enfermo, acaba de salir del hospital por un trasplante de médula. Necesita estar conmigo.Rafael, con las manos a la espalda, y con esa seguridad que con esto Zoe llegaría a su fin, intervino con una voz de acero que intimidó a los presentes. —Oficial, aquí están los documentos legales de mi hijo y el poder notarial que firmé ayer mismo, otorgándole la custodia total a Abigail Taylor en caso de cualquier ev
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