꧁ ALEJANDRO꧂Me senté frente a la ventana de la habitación, con la taza de café aún caliente entre las manos, pero apenas sentía el calor del líquido. Afuera, la ciudad despertaba con su murmullo constante: autos, sirenas lejanas, el zumbido de la rutina, pero todo eso me parecía ajeno, como si existiera en otra dimensión. Yo estaba atrapado dentro de un torbellino que giraba sin tregua: Isabel, su imagen, su sonrisa, sus ojos... la entrevista que había sido mi intento desesperado de ganarme su perdón y que, irónicamente, solo había puesto más distancia entre nosotros; la presión de la empresa, los plazos que se acercaban, los contratos que podían decidir mi destino económico y familiar; y la herencia que se me escurría entre los dedos como arena fina, sin que pudiera retenerla.Cada pensamiento se mezclaba con otro, empujándose, colisionando. Mi pecho se oprimía, una mezcla de ansiedad y rabia que me hacía apretar los dedos sobre la taza. Inspiré hondo, buscando claridad, pero incluso
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