Altos Mandos Ana caminaba por los pasillos altos del castillo con un fajo de papeles bajo el brazo, avanzando con la naturalidad de quien ya no se siente visitante. Conocía esos corredores: el eco particular de sus pasos, la forma en que la luz se colaba por las ventanas estrechas, el olor persistente a piedra fría y madera vieja.Le habían encargado llevar los documentos a la torre administrativa, directamente al despacho del Alfa.Nada importante —le habían dicho—, solo registros de entrenamiento y listados de aspirantes. Aun así, algo en el ambiente la tenía alerta. Tal vez era el silencio. O quizá el hecho de que esa ala del castillo siempre parecía respirar distinto, como si las paredes escucharan, demasiadas personas entrando y saliendo, pero el día de hoy, no había movimiento en absoluto. Al llegar frente a la puerta, levantó la mano para golpear… y se detuvo.Del otro lado, las voces eran claras.-No puedes seguir postergándolo, Dima. -Decía una voz masculina, grave, curtida
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