Contra Todo Pronóstico II
El regreso al campamento fue extraño.
No había gritos de celebración, ni bromas por la presa. El grupo avanzó en silencio, cargando el peso del animal entre dos, mientras los demás escoltaban a Eron. La nieve crujía bajo las botas, manchada aquí y allá por sangre oscura que ya empezaba a congelarse.
Ana caminaba un poco detrás.
No dejaba de ver la escena una y otra vez: el cuello tibio bajo su palma, el último latido… y luego ese vacío súbito, como una puerta cerrándose.
Y después, lo imposible.
-Fue adrenalina. -Decía Rak, más para convencerse a sí mismo que a los demás. -Hay animales que no caen de inmediato, aunque estén… -Hizo un gesto vago con la mano. -Ya sabes.-Había más personas rodeándolo curiosos de la historia.
Astrid lo observaba de costado, con el ceño fruncido.
-¿Con la yugular abierta? -Replicó, seca. -He visto presas peores, Rak. Ninguna se levanta así.
Rak apretó la mandíbula.
-Entonces no lo vi bien. O él falló en el corte. - Se encogió de