El amanecer volvió a teñir de oro las torres de Vorlak, pero aquella mañana la fortaleza estaba envuelta en una calma tensa. Tras la victoria, todos sabían que los enemigos no tardarían en contraatacar, y que Ciel era el centro de todo.Ella se había refugiado en la terraza alta, mirando el horizonte con los brazos cruzados sobre el pecho. Su cabello danzaba con el viento, y su mente no dejaba de repasar los últimos combates. Cada movimiento, cada herida, cada mirada de los suyos. Pero sobre todo, las de Ian y Jordan.Ian había cambiado desde la batalla. Sus ojos ya no reflejaban solo deseo o celos, sino una preocupación contenida, una sombra que lo seguía. A veces la observaba desde lejos, como si quisiera acercarse pero se prohibiera hacerlo. Jordan, en cambio, la buscaba a cada momento. Sonreía, hacía bromas, intentaba aliviar el peso que ella llevaba, pero en su sonrisa siempre había algo de tristeza, algo que ocultaba.Esa mañana, ambos la encontraron allí.—Deberías descansar, C
Leer más