El amanecer volvió a teñir de oro las torres de Vorlak, pero aquella mañana la fortaleza estaba envuelta en una calma tensa. Tras la victoria, todos sabían que los enemigos no tardarían en contraatacar, y que Ciel era el centro de todo.
Ella se había refugiado en la terraza alta, mirando el horizonte con los brazos cruzados sobre el pecho. Su cabello danzaba con el viento, y su mente no dejaba de repasar los últimos combates. Cada movimiento, cada herida, cada mirada de los suyos. Pero sobre to