Esa noche, la luna se alzó como un ojo blanco sobre Vorlak, iluminando las almenas y los pasillos de piedra. El silencio era denso, casi ritual. Ciel no podía dormir. Sentía la energía vibrando bajo su piel, su sangre híbrida respondiendo a algo invisible… una llamada antigua que no entendía del todo.
Bajó al patio interior, donde las antorchas aún ardían. Caminó descalza sobre el mármol frío, dejando que el aire nocturno rozara su piel. No esperaba encontrar a nadie, pero Ian estaba allí, solo