El cuerpo de Ciel cayó suavemente entre los brazos de Jordan, mientras Ian se arrodillaba junto a ellos. La lluvia seguía cayendo sin piedad, lavando la sangre, el barro y las lágrimas que ninguno quiso mostrar.
—Su pulso está débil —murmuró Jordan, con la voz ronca.
Ian la tocó con cuidado, sintiendo cómo una energía desconocida vibraba bajo su piel.
—No es una herida —dijo con el ceño fruncido—. Es… algo que está despertando.
De pronto, un resplandor plateado comenzó a envolver el cuerpo de C