Mientras que Mario temblaba, Leonardo pasaba la mano sobre sus herramientas, tomó una pinza y luego dibujó una sonrisa de medio lado en su rostro, se acercó hasta donde se encontraba su hermano.—Tus uñas han sido incontrolables, tomaste cosas que no te pertenecían, hiciste cosas que no debiste hacer, te involucraste en asuntos que solo me pertenecían a mí y traicionaste a tu propia familia.Leonardo arrancó una uña tras otra, las gotas de sangre caían al piso, Mario gritaba como un loco, siendo insoportable a que el dolor las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.—Debiste haber pensado muy bien las cosas antes de equivocarte, mi esposa merecía tu respeto, tus burlas la hicieron sentir incómoda, mi hija merecía vivir libremente.»Soñaba con ver a mi hija jugar con sus muñecas, escucharla sonreír, corretear por toda la casa, escuchar su dulce voz, levantarla en mis brazos, saber sus gustos, poderla mirar a los ojos y decirle cuanto la amaba, antes de que fuera la cama darle hel
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