Capítulo — La canción que calmó la noche La madrugada se había vuelto interminable. En la casa reinaba un silencio apenas roto por el llanto de Ayden, un llanto agudo, insistente, que parecía no tener explicación. Sofía lo alzó una y otra vez, lo apoyó contra su pecho, le ofreció el pecho para amamantarlo, le sacó los gases, le tomó la temperatura con manos de doctora segura… y aun así, nada cambiaba. El bebé lloraba y lloraba, como si el mundo entero le pesara en esos pulmoncitos nuevos. —No tiene fiebre, no tiene cólicos, no tiene nada raro —dijo Sofía, con la voz entrecortada de cansancio—. ¡Y, sin embargo, no para! Adrián caminaba de un lado al otro de la habitación con los nervios de punta. Había intentado mecerlo, ponerle música suave, incluso recorrer el pasillo en círculos, como si el movimiento pudiera hipnotizarlo. Nada. —Voy a llamar a la doctora Ángela —decidió Sofía, ya al borde de la desesperación. Cuando la voz tranquila de la pediatra respondió al otro lado de la l
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