El último cambio de luces anuncia el cierre del desfile y, por un instante breve pero real, el salón vuelve a parecer lo que debía haber sido desde el principio: un evento de moda exitoso, brillante, impecable hacia afuera, con el público de pie aplaudiendo, los flashes disparando sin pausa y las modelos alineadas en la pasarela como si nada de lo ocurrido antes hubiese dejado grietas invisibles en el aire.Amara respira hondo antes de avanzar, obligándose a sonreír mientras sube al escenario junto a Jean Pol, consciente de que cada paso suyo está siendo fotografiado, analizado y archivado por la prensa, por los inversores, por los curiosos que no vinieron solo por la moda sino por el espectáculo que siempre parece rodearla. Él camina a su lado con una elegancia estudiada, con esa sonrisa controlada que sugiere éxito y seguridad, aunque por dentro esté calculando cada segundo, cada reacción, cada cámara que los enfoca.Cuando le entregan el micrófono, Amara siente el peso del metal co
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