Vico se sienta en una de las sillas y se lleva la mano a la cabeza; Milo, sin aclarar nada de lo que acaba de decir, se concentra en la pantalla. —¿Cómo pueden ser niñas? —susurra Vico. —Ustedes dos no tuvieron suficiente con acabar con mi ilusión de ser padre, sino que ahora vienen a decirme que Awa no va a tener un niño y, aparte de que es niña, ¡son dos! ¡Esto es inaudito! —O lo callas o lo sacas en este momento de mi consultorio —dice Milo. ´ —Pero no es justo… —Comienza de nuevo Vico y Milo se pone de pie, no recuerdo haberlo visto tan alterado. —No deberías estar acá, Vico. Te devolví el dinero que pagaste por el procedimiento, pagué la congelación de tus espermas, aparte de que les hicieron un análisis minucioso. He soportado a tu madre en una ecografía en la que no debería estar. Me he escondido, he dejado que grites a los cuatro vientos que esas niñas son tuyas, cuando en realidad son mías. Me he disculpado, te he rogado que no me denuncies, ando buscando a la
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