Lo que me resulta algo incómodo, teniendo en cuenta que tres intrusas se interponen todo el tiempo y siguen creciendo como la mala hierba.
Milo me besa y siento que mis hormonas se activan. Empiezo a quitarle su camisa, mis manos descienden juguetonas y siento que todo mi cuerpo responde acelerado y caliente, responde al cien por ciento ante sus caricias.
—Awa, espera. No podemos. ¡Detente! —Me quedo quieta y luego grito con todas mis fuerzas; llevo varios días con estas ganas y viene