Un pensamiento extraño nubló mi mente en ese instante. ¿Y si realmente estaba hecha para dirigir grandes empresas? Sacudí mi cabeza en señal de negación, lo mio era escribir libros . Relatar historias de amor, eróticas o de aventura de cualquier tipo era lo que más me fascinaba . Vivía cada una de ellas mientras las escribía, y mi mente volaba junto a mi alma a tierras lejanas, en us a de nuevos personajes y sus destinos. -Yo no he nacido para ser empresaria---solté con coraje contenido. - Hija---mi madre me conocía mejor que nadie, por lo que usó un tono calmado y lleno de ternura como pocas veces había hecho conmigo. Hasta me parecía de lo más extraño. - Ahora no, mamá---recalqué la palabra "mamá" y mi tono sorprendió bastante. Mi marido casi escupe la bebida de su boca. Levanté la mano y respiré pausadamente pero con enfado. Intentaba calmarme para no crear una guerra innecesaria. - Isabel, yo no tengo la intención de irrumpir en tu vida y cambiar tus planes, pero eres
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