Alegrías y más alegrías nos estaban rodeando. Casi ni me lo podía creer. Pero como cada acontecimiento tiene su momento, su principio y su fin, esta vez no iba a ser menos. Dos días después del nacimiento de mi sobrino, recibieron el alta el y su mamá. La alegría en los ojos de mi hermana era tan evidente como en la de su prometido. Porque hay que decir que estando en el hospital, Giancarlo le pidió matrimonio hincando su rodilla. Fue tan emocionante que hasta parecía que lo vivía yo en persona. Mi marido me abrazó besando mi coronilla, y mi hermana habló. - Acepto---dijo emocionada. Una lágrima se deslizó por su mejilla, verdaderamente amaba a este chico. El lloró también, la abrazó por varios segundos y llenó su cara de besos limpiando sus lágrimas. En el momento más oportuno del evento, mi sobrino, que estaba en los brazos de su madre, sonrió. Lorena besó su frente. El gesto de mi nene, llegó como una bendición. - Las cosas se han hecho como tiene que ser. Ya me quedo má
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