Capítulo CXIXMaximilianoLlegamos al hospital y el olor a desinfectante me golpea de inmediato, frío, impersonal. En la sala de espera distingo a Rafael, sentado acompañado de su familia, con la espalda encorvada y la mirada perdida en el suelo, como si el peso del mundo se le hubiera venido encima.Cuando nos ve, levanta la cabeza. Sus ojos están rojos, agotados, llenos de algo que no había visto antes en él. Se pone de pie despacio, casi con dificultad, como si le costara sostenerse, y por un segundo siento que todo lo que ocurrió está a punto de estallar de nuevo.—¿Cómo está mi hermana? —pregunto en cuanto estoy frente a él.Rafael no responde de inmediato. Su rostro está tenso, los ojos enrojecidos, como si llevara horas peleando contra algo que ya lo venció.—Mal —dice al fin—. Está muy delicada… ella y los bebés.Frunzo el ceño y volteo a ver a Camila, confundido.—¿Bebés? —repito, incrédulo.Rafael asiente despacio. El gesto le pesa.Suelta un suspiro profundo, cargado de dol
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