195. La mejor forma de iniciar el año nuevo
Dos días después, la mansión vuelve a llenarse de preparativos. Es la víspera de Año Nuevo. Mientras terminamos de desayunar, Gabriel deja la taza de café sobre la mesa y me mira con una sonrisa que no consigo descifrar. —Esta noche será muy especial. Levanto una ceja. —¿Ah, sí? —Muchísimo. No añade una sola palabra más. Y, aunque intento no hacerme ilusiones, mi imaginación empieza a trabajar por su cuenta. Llevo varias semanas esperando intimar con él, y siempre algo termina interponiéndose, especialmente esas reuniones nocturnas que ha tenido últimamente. Solo le ruego al cielo que aquello que estoy imaginando sea cierto. El resto del día transcurre con una calma que hacía mucho no experimentaba. Sin la presión de la empresa ni reuniones pendientes, Gabriel y yo simplemente nos dedicamos a disfrutar de nuestra compañía. Salimos a caminar por los jardines cubiertos por la nieve recién caída, dejando nuestras huellas sobre el blanco impecable mientras conversamos de cualquie
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