199. Las cuentas no mienten
Las últimas horas de la jornada se me escapan entre aquellas facturas. Cuando finalmente levanto la vista, descubro que afuera ya empieza a oscurecer y buena parte del personal se prepara para marcharse. Podría mandar llamar a Jonnathan ahora mismo. De hecho, durante unos segundos tengo el teléfono en la mano y estoy a punto de hacerlo. Pero lo dejo nuevamente sobre la mesa. No. Esta conversación no puede tener lugar deprisa, a pocos minutos de terminar la jornada. Necesito tiempo, y sobre todo