MarianaDespierto y lo primero que siento es su mirada sobre mí. Franco está sentado al borde de la cama, con los brazos cruzados, sonriéndome con esa calma que pocas veces tiene en el club. Me estiro un poco y él se acerca, acariciándome un mechón de cabello.—Buenos días, dormilona —dice bajito, como si no quisiera romper el momento—. Hoy tengo una sorpresa.—¿Qué tipo de sorpresa? —pregunto, todavía medio dormida, intentando que mi voz no suene demasiado emocionada.—Nos vamos de viaje. Dos días en un crucero. Tú y yo. Solo nosotros, sin preocupaciones. —Su tono es firme, pero hay un brillo divertido en sus ojos.Me siento en la cama completamente despierta, incapaz de dejar de mirarlo.—¿Hoy? —pregunto, incrédula—. ¿Ahora mismo?—Sí, ahora mismo. Prepárate —dice y me besa la mejilla, como si la idea ya fuera un hecho consumado—. Te prometo que te va a encantar.Mientras hago la maleta, él se queda en la puerta, mirándome en silencio. Cada tanto comenta cosas pequeñas, como si quis
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