MEGHAN Estoy muy nerviosa, tanto que por momentos tengo la sensación de que voy a marearme si esto no avanza de una vez. El corazón me late demasiado deprisa, como si no pudiera seguirle el ritmo a todo lo que está pasando, y aunque intento mantenerme centrada, cada pregunta del médico hace que todo se vuelva un poco más real, un poco más difícil de ignorar. Josh está conmigo, y eso debería bastar para tranquilizarme. De hecho, en parte lo hace, porque siempre ha sido así con él: una especie de punto fijo al que agarrarme cuando todo lo demás se tambalea. Aun así, no consigo dejar de pensar que, si no estuviera aquí, probablemente ya habría salido corriendo hace rato, sin mirar atrás. El médico sigue hablando, preguntando cosas que respondo casi en automático —cuántas faltas llevo, antecedentes, cómo me encuentro—, pero mi cabeza empieza a ir por otro lado, uno mucho menos ordenado y bastante más incómodo, donde las dudas aparecen sin avisar y se instalan como si siempre hubieran es
Leer más