CAPÍTULO 6. FALSOS AMIGOS
La llamada del hombre le dio una sensación de incomodidad a Gálata, sintió una ráfaga helada congelar sus huesos, y a pesar de no querer ser grosera, no le gustaba la idea de recibirlo y mucho menos verse con él, había algo que la obligaba a repelerlo.
—Leandro, ¡Qué sorpresa tu llamada! Aunque me desconciertan tus palabras ¿Por qué habría yo de necesitarte? Ni siquiera somos tan cercanos —mencionó ella con desconcierto.
—¡Lo siento Gálata! Mi intención no es incomodarte, yo te considero tan a