CAPÍTULO 84. Un negocio mitad placer
Era pequeñita, suave, y cada vez que bostezaba a Elliot se le derretían hasta el alma. Le dio un beso en la cabecita y le hizo un mimo antes de devolverla a su cunita.
—Pórtate bien, princesa, papi va a traerte a tu mami lo más pronto posible —le aseguró acariciándole uno de los cachetes con la yema del dedo.
Tomó la maleta de mano que había dejado en la puerta y le dio un abrazo a su hermana.
—Te encargo a Asha —le dijo—. Cuida a mi nena.
—Como si fuera mía —murmuró Valeria dándole un beso