Tras la efervescencia de la boda, Alexander y Elena tomaron la decisión definitiva de alejarse de todo, eligiendo la serenidad de la Toscana, en Italia, como el escenario para su luna de miel. Antes de partir, se reunieron con Arthur Valerius y los padres de Alexander, Maximilian y Victoria, para comunicarles sus planes de desconexión total; los patriarcas, comprendiendo la necesidad vital de la pareja por un respiro, bendijeron el viaje asegurándoles que el frente familiar en casa permanecería