La cuenta regresiva hacia la boda avanzaba con una crueldad matemática. Faltaban apenas veintiocho días, y lo que debería haber sido el mes más dulce en la vida de Alexander se había transformado en una tortura psicológica de proporciones épicas. El estrés se le manifestaba físicamente: una rigidez constante en los hombros, ojeras profundas que ni el mejor descanso podía borrar y una mirada que parecía perdida en un horizonte de sombras cada vez que Elena entraba en la habitación. Alexander se