La mañana amaneció con una claridad inusual, como si el cielo mismo se hubiera puesto de acuerdo con los planes de Alexander. No había ni una sola nube que empañara el azul profundo que cobijaba la propiedad de los Americus, aquel viñedo que Alexander había recuperado en secreto para devolverle a Elena una parte de sus raíces. El aire soplaba con una fragancia dulce, una mezcla de uvas maduras y lavanda silvestre que transportaba a Elena a sus recuerdos más antiguos, aquellos de cuando era solo