CAPÍTULO 52.
La lucha era salvaje, sin cuartel. Garras desgarraban piel, colmillos se hundían en carne.
Dorian lanzó un zarpazo dirigido al cuello de Kael, pero este se agachó a tiempo, girando con rapidez para hundir sus garras en el costado de su enemigo. Dorian gruñó de dolor, pero en lugar de retroceder, aprovechó la proximidad para clavar sus colmillos en el hombro de Kael. El líder de Valragh rugió, sintiendo el ardor de la herida, pero no cedió.
Con un poderoso empujón, Kael liberó su brazo y, con un