CAPÍTULO 17.
Las llamas devoraban la cabaña con furia, envolviendo las paredes de madera y consumiendo todo a su paso. El fuego crepitaba como una bestia hambrienta, iluminando la noche con su resplandor anaranjado. Dorian y sus lobos observaban desde la distancia, sus siluetas apenas visibles entre la espesura del bosque. La venganza tenía un olor dulce, el de la madera quemada y la desesperación ajena.
—¡Arthur! ¡La cabaña! ¡Está ardiendo! —Arthur estaba en el hotel cuando la gente del pueblo irrumpió, gr