Hazel
Exhalé el aire que contenía para no soltar un gemido delante del servicio y avergonzarme por completo, de pie ante una imponente mesa de comedor y mirando de la silla al hombre que me sonreía con una malicia innata. No sabía cómo soportaría aquella dulce tortuga por tanto tiempo si ahora mismo quería lanzármele encima, lo anhelaba desesperadamente y no podía ocultarlo.
—Siéntate, Cherry —instó cuando me tardé más de lo debido, mordiéndome mi labio inferior me senté con cuidado, mis párp