La mano de Rafael permaneció suspendida un segundo más de lo debido.
Entonces pareció volver en sí.
Bajó el brazo demasiado rápido, como si se hubiera quemado con su propio gesto. Un destello de vergüenza cruzó sus ojos. Algo cercano al arrepentimiento. Demasiado cerca del pánico.
Lorena desvió el rostro.
No pudo mirarlo.
—Lorena… —susurró.
La voz le salió quebrada. Baja. Solo para ella.
—Perdóname.
Las piernas le flaquearon por un instante. Rafael siempre había tenido un temperamento difícil,