En el preciso momento en el que Isabella llegó a la primera planta del edificio, un lujoso y reluciente Rolls-Royce negro, con sus imponentes líneas y elegante presencia, se estacionaba con parsimonia justo enfrente del imponente vestíbulo principal.
En ese preciso instante, la puerta del automóvil se abre lentamente y unos elegantes zapatos brillantes hacen contacto con el suelo con un suave crujido.
Sebastián, al verla, caminado con pasos largos, se acercó a ella.
—¿Podrías decirme