En la villa, Fernández Isabella se sentó en la sala de estar. Sus rasgos faciales exquisitos y perfectos revelaban un rastro de frío cortante.
Darío tragó saliva, había pasado mucho tiempo desde que vio a Isabel a revelar esa expresión.
Casi no podía recordar cuando Isabella había estado tan enojada la última vez.
Se dio la vuelta y quiso escapar.
"Señor Jiménez, ¿por qué no sabía que era subordinado de Sebastián?"
"Jefa, escucha mi explicación". Las comisuras de la boca de Darío se curvaron en