Al mencionar que dominaba el ajedrez, la caligrafía y la pintura, ni siquiera conocía ninguna de ellos cuando la vieja señora Montero reconoció por primera vez a la madre y a la hija, se llenó de alegría y deseo poder anunciarlo al mundo.
Sin embargo, el asunto del regreso de la joven señorita de la mansión del Conde, tuvo que ser informado al rey. Tuvieron que proceder paso a paso con los trámites y sumarse a los complicados trámites del árbol genealógico.
La alegría y la sorpresa inicial de