Capitulo 127

El pitido constante del monitor cardíaco era lo único que rompía el silencio. Las paredes blancas del hospital, frías y asépticas, contrastaban con el calor emocional que latía dentro de la habitación.

Isabella estaba sentada en una butaca junto a la cama de Sebastián. Tenía una venda sobre la ceja, el cabello desordenado y los ojos rojos por la falta de sueño. No se había movido desde que lo trasladaron a cuidados intermedios. Había rechazado cambiarse de ropa, no quiso que la separaran de él
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